La tecnología avanza tan rápido como para sorprendernos constantemente; ahora mismo las mismas herramientas prometedoramente aceleradoras están permitiendo la reproducción sin permiso directa de videojuegos comerciales por IA.
En el caso del juego popular "Fortnite", Epic Games y Microsoft han tenido que recurrir al derecho de autor para frenar versiones no aprobadas. Esta contradicción entre lo impulsado e inventado con AI enriquece un debate incómodo sobre los límites legales de esta poderosa nueva inteligencia artificial, cuyo potencial se ha visto desafiado cuando comienza su uso crítico contra productos propios. El fenómeno es similarmente observable en otros juegos como Halo o Call of Duty; la tecnología prometida puede ser tanto beneficio como peligro si sus usos son inadecuados.
Esta situación plantea una parada interesantemente paradoxal para las compañías que más han defendido el impacto y velocidad del desarrollo mediante IA -como Epic Games- ahora tienen que lidiar con versiones no autorizadas de los mismos videojuegos a través de Internet, demostrando un cambio drásticamente contrario al inicial esperado por su propia invención tecnológica. El debate se intensifica cuando Tim Sweeney, CEO de Epic Games, responde públicamente sobre la postura crítica hacia esta tecnología en general; lo cual muestra cómo estas empresas están reflexionando acerca de sus propias herramientas AI.